Nunca habría dicho que el festival de mis amores, al que he asistido en 11 ediciones completas, iba a cambiar tanto, y no solo en el aspecto musical (a lo de llevar a la triunfita Amaia no le veo, por ningún lado, justificación artística ni valor alguno, más allá de la pura mercadotecnia) sino también en un apartado tan esencial como el de la admisión de asistentes al festival.

Ayer, mi amigo del alma Iñaki Barrenetxea, vasco-colombiano, tez oscura y un carácter tranquilo, disfrutón, transparente y felicísimo del que he disfrutado en diez ediciones del FIB de Benicassim, varios Azkena Rock, Dr Music y BBk Live sin haber causado (ni sufrido) jamás el más mínimo problema fue agredido ayer de una de las maneras más crueles que pueda imaginar para un aficionado al rock independiente.

El gorila de la entrada, pese a portar mi amigo en su muñeca la pulsera que le habían colocado en la taquilla del festival tras haber mostrado su billete de la entrada de día, le impidió entrar al festival sin dar ninguna explicación. Toda vez que no le cacheó y que Iñaki no hizo nada raro que pudiera infundir sospechas en el segurata, solo cabe concluir que, discrecionalmente, este sujeto decidió que Iñaki no iba a entrar en el festival porque no le gustaba su aspecto. Serían sus llamativas gafas de sol, su piel relativamente oscura o vaya ud a saber qué, el caso es que el viaje desde Bilbao para ver a Nick Cave, Four Tet, Vince Staples y cía se quedó en un disgusto para toda la vida, reflejado en la Hoja de Reclamaciones, que fue lo máximo que consiguió pese a recurrir a todo quisqui de la organización para que le atendieran-. “Eso es responsabilidad exclusiva del personal de seguridad” le dijeron. Y fue imposible hacerles cambiar de opinión. Ni siquiera logró que le devolvieran el importe de la entrada.

¿Véis alguna justificación a esta actitud, que además fue respaldada por la organización?

Una p. vergüenza de un festival que solo me proporcionó alegrías, musicales y lúdico/sociales durante tantos años. Cómo han cambiado los festivales, por Dios. Y que no me vengan con excusas.

A Iñaki le vetaron la entrada simple y únicamente por las apariencias que, por cierto, no eran nada del otro mundo (indumentaria negra y, eso sí, unas Ray Ban horteras como ellas solas) aunque esto no tendría ni que decirlo, porque solo faltaba que te exijan ir de etiqueta o cumplir cánones estéticos (cualesquiera, lo mismo me da) en un festival rock, solo faltaba esto ya, pero bueno… . Por un puro capricho del gorila de la entrada, al que la organización defendió en todo momento, Iñaki se llevó un disgusto que nunca olvidará. “Si consigues entrar, paro los conciertos” le llegó a decir este impresentable a mi amigo. Qué pensó el segurata solo lo sabe él, la consecuencia en que derivó su arbitraria, discriminatoria e insostenible actitud ya la estamos sabiendo muchos.

¡No te jode! A un tío pacífico como él solo, melómano impenitente que viajó un jueves desde Bilbao a Barna para comprobar si el Primavera (era su primera vez en el PS) era tanto como algunos le habíamos contado, cómo es posible que no le dejen entrar tras haber pagado su billete y sin haber hecho nada reprobable? Pues a va ser que el PS no era lo que yo le había contado. Qué asco, este no es mi Primavera Sound. Dudo que vaya más.

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