Esta es otra de las magníficas obras que puedes ver en la expo de la artista salavadoreña afincada en Vitoria Claudia GUEVARA FIALLOS.

Nos contaba el otro día que “siempre he dibujado y pintado, desde muy niña he tenido inclinaciones artísticas y he sido obstinada en mi fe de convertirme en artista”.
Llegó a nuestro país en 2.003, vino con su marido a trabajar como terapeuta en un centro de rehabilitación, y lleva ya ocho años residiendo en la capital vasca.

Es Claudia GUEVARA FIALLOS una artista absolutamente vocacional, que a falta de una educación universitaria reglada en El Salvador al modo en que lo es la carrera de Bellas Artes aquí desde hace décadas, optó por la formación específica que prestaba una cualificada academia de su paìs, la de María Rosa Valenzuela, un aprendizaje que posteriormente complementaría en España.

 

Hija de una acomodada familia salvadoreña, renunció a una carrera convencional y se lanzó al estudio y la práctica de la actividad artística. Domina el inglés y habla francés, y siempre confió en su capacidad; de hecho, pese a haber tenido “grandes maestros”, se considera autodidacta poque “he ido buscando, a lo largo del tiempo, mis propias fuentes, sin atender demasiado a lo ya establecido en el aprendizaje del hecho artístico”.

Admira a pintores como Botero, Barceló o el estadounidense Andrew Wyeth, así como a los icónicos Goya, Picasso, Modigliani y Chagall, y considera que “el actual dominio de la tecnología desvirtúa el arte, lo deshumaniza, se diría que solo Antonio López ha sido el único artista de repercusión mundial que ha sabido plantar cara a la fotografía y las artes gráficas vinculadas a lo tecnológico…, creo que la pintura es otra cosa, vehicula otros sentimientos y posee una capacidad distinta de transmitir emociones”.

Liberada ya de las tareas domésticas y familiares que, además de las profesionales, le han restado tiempo durante los últimos años para la pintura, Claudia GUEVARA FIALLOS dice contar ahora, por fin, con días enteros para dedicarlos a la creación artística, camino en el que ve muchas direcciones posibles. De hecho, es consciente de la sensación extraña (“parece que es una expo colectiva, de varios artistas”, nos lo ha comentado más de un cliente) que causa la disparidad de estilos y formatos de las obras que muestra en su exposición en La Estación de Neguri. “Es una colección de obras de diversas épocas y estilos, y lo he hecho así a propósito, me da más seguridad; aún tengo cierto pánico a exponerme y pienso que mostrando pinturas tan diferentes entre sí, tengo más posibilidades de agradar al público y de que sea comprendida mi obra”.

Banda sonora

Una canción muy representativa de lo más delicado, suave y poppie de nuestros muy musicales años 80, que naturalmente tuvieron otras vertientes más enérgicas y rockeras; deliciosas, ellas son las británicas MARINE GIRLS, con la maravillosa voz de Tracey Thorn, que luego se convirtiera en estrella -lo sigue siendo aún y acaba de publicar un buen disco- con el dúo Everything But the Girl. La canción, tan sencilla como encantadora, es “A Different Light”.

Mira qué delicia, corría 1.980, más o menos.

Chicas y arte, irresistible

Irresistible. Ohh, Marine Girls. ¿Hubo alguna vez una canción más hermosa que esta? Seguro que sí, pero ahora mismo yo diría que no. Tampoco nunca más tuve 18 años. Dos minutos y medio, esto es pop 100%, no hace falta más.
Un lugar al sol, sí, eso es lo que necesitamos ahora, y no más y más invierno glacial: